Cudillero es tan diferente a cualquier otra villa marinera que ronde tu imaginación, que hasta tiene su propia y personal lengua: el pixueto, que se exhibe cada año de manera multitudinaria en el pregón de L'Amuravela, pieza que narra en clave de humor e ironía lo acontecido a lo largo del año. L'Amuravela, que se celebra cada 29 de junio coincidiendo con la festividad de San Pedro, es uno de los grandes acontecimientos de este pueblo singular en el más amplio sentido del término.

Pues singular es también la configuración física de Cudillero, escondido desde la mar y desde la tierra, y descolgado en humildes casas de mil colores, que dan forma a su conocido y fotografiado anfiteatro.

Cudillero rezuma mar y pesca por los cuatro costados, y aún conserva tradiciones tan singulares como la del curadillo, manjar único, inventado por los marineros pixuetos en épocas pasadas, cuando dejaban deshidratarse pequeños escualos durante meses a la puerta de sus casas. Era la fórmula frigorífica de entonces y fue todo un avance para la supervivencia, además de seña de identidad de las casas de los pescadores.

Por su peculiar orografía, Cudillero tiene vistas espectaculares desde el faro o la atalaya. Además impresiona su entrada por el Pito, con su Palacio Selgas, o la sucesión de casas indianas que hay en la zona.

Barrios de pescadores, viento y mar, buenas vistas, cocina marinera, ambiente todo el año e inspiración literaria y artística. Todo esto y mucho más es Cudillero.

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